Historicidad o el rumor infinito: comentario a Sosiego siniestro (2020) de Alberto Moreiras

“No le preguntes por tu camino a quien ya lo conoce sino a quien, como tú, lo busca”.

Edmond Jabés.

Hay una constelación de lecturas que me ha acompañado desde que me pregunté por aquel residuo ingobernable que me impulsaba, una y otra vez, más allá del espejismo que constituía la versión de un mundo armonioso en su devastación. Venidas de múltiples espacios y tiempos, son estelas ardientes que afirman verdad, como su contingencia. Estas son las escrituras que me importan. En especial, las alteraciones que desestabilizan y destituyen instituciones, prácticas, como las fantasías que viven la vida por nosotros mismos. Estos textos no son escritos para un lector en concreto, dudo que siquiera haya una consideración para con ellos. Su extrañeza radica en su expulsión venida de las postulaciones del entendimiento, los sistemas, cánones, “giros”, o corrientes, debido a su corrosiva carga de historicidad y sospecha, usualmente confundida con mera destrucción, nihilismo e irresponsabilidad con la sociedad. A no ser que marches por las rutas establecidas, por más inclusivas y tolerantes que sean, las expresiones profanas sucederán en secreto, la mayoría de las veces a la débil vista de todos.

Hace 5 años escuché por primera vez el nombre de Alberto Moreiras en una conversación con Benjamín Mayer, Beatriz Miranda y Ruud Kaulingfreks, en una de las mesas del restaurante “La yeya” en el patio de la Casa Refugio Citlaltépetl. Me faltaba año y medio para terminar la carrera en historia y buscaba posibles universidades donde continuar mi formación con personas interesadas en problemas y temas afines. Tres voces andadas me recomendaron Texas y Ámsterdam. Apunté nombres y referencias. Por la noche navegué un par de horas en internet siguiendo las notas hasta llegar a un texto titulado “Teoría marrana”[1], firmado por Moreiras. Por primera vez leía el escrito de alguien vivo con quien me sentía en sintonía, a pesar del desconocimiento de algunas trayectorias intelectuales referidas al campo de los estudios hispanos. Su no coincidencia con aquello que se supone que debía hacer fue lo que más me hizo ruido. Entre otras inquietudes, el archivo hispano, una noción de teoría crítica actualizada, una historia del pensamiento que asumiera su práctica desde la existencia y no desde ninguna fantasía, sobre todo, la última frase de su texto: “Lo decisivo es el carácter no identitario del pensamiento por venir: su registro marrano”, me hizo continuar leyendo sus publicaciones. En la biblioteca de la universidad encontré dos de sus libros:  Interpretación y diferencia (1991) y The Exhaustion of Difference (2001). Mis amigos y colegas desconocían la producción de Moreiras. Unos cuantos mostraron interés adentrándose a algunos de sus textos que seguimos discutiendo en bares, cafés, caminatas y reuniones. En 2015, 2016 y 2017, invitado por la Universidad Iberoamericana y 17, Instituto de Estudios Críticos, impartió unas conferencias sobre populismo marrano, infrapolítica, las lecturas de Derrida en su periodo en Duke, la presentación de Glas y una crítica aguda a la institución universitaria. Todas ellas interesantes y con la fuerza suficiente para asumir las condiciones de existencia del “pensamiento de media noche”. Conversé con él en un par de ocasiones, principalmente, acerca del contexto académico en Texas, posible horizonte para mis trayectos futuros de ese entonces. Seguí sus blogs y poco a poco me familiarizaba con ciertos conceptos, genealogías, discusiones e interlocutores que aparecían en sus escritos, poniendo atención en aquellos que me interesaban y en los que eran fundamentales. Me encontraba en la redacción del trabajo final de licenciatura lidiando con la estrechez intelectual de los administradores que avalan su funcionamiento dentro de las líneas de investigación. “No es lo suficiente objetivo”, “la escritura “confesional” (lo que eso signifique) no es para la academia”, “el marco teórico es sólo eso, ¿dónde está la practicidad de tu investigación?”, eran frases con las que me confrontaba cada dos semanas de “revisión”. “Universidad y principio de equivalencia. Hacia el fin de la Alta Alegoría”[2] era una compañía fundamental junto con Walden de Thoreau, Trópico de Capricornio de Henry Miller, El libro de la hospitalidad de Edmond Jabès y Universidad sin condición de Derrida. Eran textos-oasis. Cada formulación escrita, tachada, borrada de ese trabajo, atravesado por una carga afectiva importante, era una sospecha y una retirada de la idea de continuar el camino trazado de las instituciones del saber usuales. No le encontraba sentido seguir en ese campo minado para pensar. Y así fue. Decidí andar por mi propia cuenta hasta que encontré una caravana con la que he viajado estos dos años y medio.

A inicios de este año (2020) regresé a México tras una temporada en diversos sitios, la mayoría fundamentales en la historia intelectual de la primera generación de la Escuela de Frankfurt y otros marcados por motivos propios de un encuentro inédito con una mujer con la que caminé sin parar durante largas temporadas. El confinamiento de la pandemia me llegó, en un primer momento, en la Ciudad de México. En una atmósfera oscura, invadida por el ruido y el temor, leía textos antiguos en busca de un afuera sin por ello desatender mis tareas diarias, trabajos, etc. Un día vi publicado en Facebook una entrada del blog de Moreiras una entrada titulada: “Sosiego siniestro” que me llamó la atención. Seguí las publicaciones haciendo mis propias notas al mismo tiempo que la pandemia se intensificaba, como sus consecuencias por aquí y por allá. En cartas con Valentín y en conversaciones con Francisco Robles, discutíamos acerca del modo en que, una vez desgarrado el espejismo, había dos opciones para no vencernos: restituir con más fuerza que nunca la fantasía y abandonarnos en su infinita construcción, o bien, hacernos cargo de nuestra caída confrontando cada intento de la captura de lo que somos. No había momento ideal ni programado, mucho menos situación especial que valiera la pena esperar o construir para plantearnos preguntas fundamentales como para pasar al acto de su encarnación radical. Esta vez, en mi caso, con un texto que redactar acerca de los vínculos entre historicidad, existencia, crítica y escritura, que había estado investigando formalmente desde 2017. Al respecto, el interés fundamental es la escritura de historias que den cuenta que no todo está subsumido al orden existente, al dominio de las experiencias temporales, espaciales, subjetivas y emancipatorias. La compañía de las breves y potentes entradas de Moreiras, leídas desde mi celular o en la lap-top fueron articulando preguntas acerca de la escritura de la historia que ponían a esta operación en suspenso al punto de entrecomillar el automatismo desde el que las narraciones historiográficas son producidas.

Los fragmentos escritos por Moreiras entre el 20 de marzo al 20 de mayo, algunos publicados en su versión digital en infraphilosophy.com, mutaron a un libro impreso titulado Sosiego siniestro.[3] Una de las particularidades del libro está en el modo en el que está escrito, pues devela las condiciones de la producción de pensamiento de la época sin dejar la crítica consigo misma. La división del trabajo, la aceleración de los procesos de acumulación, las mezclas de soportes (oral, impreso, análogo, digital), etc., condicionan los modos en que la práctica del pensamiento pueda asomarse. Al respecto, en la entrada del 10 de mayo, Moreiras apuntó una serie de notas de las producciones intelectuales de Nietzsche, en específico, los procesos de escritura ligados a sus caminatas, papeles, jaquecas, etc. Ese es su punto de partida para preguntarse sobre la actualidad de los “estímulos de escritura”, que, si bien no responden al mundo decimonónico, sí hace resonancia con la “brevedad”, el “comentario”, la “anotación”, la “puntualidad”, la asistematicidad y las cargas pasionales con las que el autor dionisiaco realizó varios de sus libros. La industria cultural, la erosión universitaria, la velocidad de publicaciones como la necesidad por ser visto, fabrican cantidades de escritura inabarcables en las que es posible encontrarse con todo tipo de contenidos. Al respecto, Moreiras apunta:

“Esos bosques de palabras, detrás de las cuales podemos en general suponer un cuerpo, cumplirían para nosotros la función que para Nietzsche era propiedad del cielo y la luz, los árboles, los valles o promontorios o rocas de su cantón suizo. Pensamiento espontáneo y en esa medida libre, no sujeto al transitar curricular de la acumulación académica, tantas veces no menos pretenciosa que cobarde, inane en sus formulaciones mediadas sobre los veinte o treinta minutos de supuesto rigor. No podemos simular las migrañas ni las infecciones oculares de Nietzsche, pero podemos tratar de aprender de lo que ellas hicieron posible, y que a Nietzsche le gustaba llamar ­<<pensamientos con pies de paloma y corazón de serpiente>>, en los que él buscaba hacerse cargo, no evitar, las condiciones de su propia existencia”.[4]

Quizá este, como otros libros, sean un ejercicio de desobramiento, una entrega no pedida, no demandada, no productiva en tanto que acumulación crítica (o de cualquier tipo). En más de un sentido, esta escritura da la espalda a las agendas, ideologías y dossiers, concentrándose en lo que dejan fuera. Una consecuencia de esta escritura tiene un impacto directo y mortal con las operaciones historiográficas hoy dominadas por la academia, el Estado y las industrias de la memoria. Si no se trata de reproducir la teleología ni adscribir los relatos a su fatalidad, ni de pronunciarse como un sujeto cuya identidad radique en el sacrificio por un origen, ¿qué historiografías estarían en juego? Es sabida la incapacidad como la dificultad que padecen los historiadores al momento de pensarse históricamente, además de pasar por alto el modo en que la historicidad deja sus estelas en diversos sitios, de múltiples maneras. No obstante, hay que recalcar que la historiografía anclada en las instituciones del saber dominantes no son las únicas ni las mejores. Mucho menos las que deberían usarse irreflexivamente como fiabilidad de la elaboración temporal y de los “hechos del pasado”. Al respecto, hay un pasaje de Moreiras, en el que reflexiona a Gramsci entre otros, que corroe toda irreflexión, pasividad y confianza en la operación historiográfica:

“En la época del fin de la teología política no hay principios, es decir, no hay legitimidad obtenible en referencia a ningún principio que, en cuanto tal, funda y sostiene la praxis política. Si es posible una práctica política emancipatoria todavía hoy, lo es desde esa cancelación árquica que constituye el fin de todo privilegio no sostenido desnudamente en el poder expropiativo. Si solo hay poder expropiativo, y si el poder expropiativo no es un poder principal, sino mera práctica de fuerza, entonces ninguna dominación, y tampoco la dominación hegemónica, cualquiera que sea, es legítima. La des-arquización del principio que los verdaderos bribones sin principios son los que hoy invocan sus principios. Para mí la posthegemonía mienta el hecho de que no hay ni puede haber principio (legítimo) de la política, de que nadie está en condiciones de invocar privilegio alguno que garantice su derecho al poder. La ausencia de legitimidad desfonda toda hegemonía, incluyendo las apuestas por hegemonías post-fundacionales vinculadas a la producción de equivalencia que puedan hacerse socialmente mayoritarias”.[5]

Una historiografía que cancele el arkhé como su legitimidad encarnada en cualquier clase de soberanía no podría concebirse de ninguna manera bajo metodologías establecidas ni desde la total subsunción disciplinaria. Cada historia requiere una escritura distinta, como un tratamiento singular que asuma su participación común, en tanto que carente de origen. Por supuesto, este tipo de escritos no se encontrarán, o sólo marginalmente, en los soportes y circulaciones oficiales del saber historiográfico. Una clave para imaginar una historiografía posible desde la demarcación de su carga soberana, es la de “solo ser testigo y asumir la responsabilidad de su soledad, que todos comparten”[6], similar a los aparatos textuales de Didi-Huberman y Walter Benjamin.

Sosiego siniestro no es un libro historiográfico, sin embargo, su potencia crítica atraviesa toda escritura y concepción teleológica de la historia. Esos pasajes son los que me han mantenido en una constante relectura y me interesa problematizar. Pues, pareciera que las escrituras (en su más amplio sentido) que llevan consigo cargas de historicidad lo suficientemente bien ejecutadas para desestabilizar el espejismo y despertar en los acantilados de lo real están en los soportes que la historiografía disciplinaria no soportaría, pues la desvanecería en la historia y con ella su mitología. Esta crítica, evidente o no, es localizable en diversos textos de Moreiras. Quizá por ello, entre otros motivos propios de la industria editorial y cerrazón disciplinar, no sea leído entre historiadores. Por mi parte, es desde sus escritos, como de la constelación de la que es parte, desde la cual pude vislumbrar y recorrer un afuera de la historiografía como de la universidad.

Agosto y Septiembre, 2020. Ciudad de México – San Cristóbal de las Casas (Chiapas).


[1] Disponible en línea: http://ladanzadelosonironautas.blogspot.com/2011/10/teoria-marrana-por-alberto-moreiras.html consultado el 27 de agosto de 2020.

[2] Una de las versiones del texto puede encontrarse en el siguiente sitio: https://infrapolitica.com/2017/01/17/universidad-y-principio-de-equivalencia-hacia-el-fin-de-la-alta-alegoria-borrador-de-conferencia-para-17-instituto-de-estudios-criticos-mexico-df-22-de-enero-2017-por-alberto-moreiras/ consultado el 01 de septiembre de 2020.

[3] Alberto Moreiras, Sosiego siniestro, España, Guillermo Escolar Editor, 2020.

[4] Ibíd., p. 74.

[5] Ibíd., p. 103.

[6] Ibíd., p. 35.

2 comentarios sobre “Historicidad o el rumor infinito: comentario a Sosiego siniestro (2020) de Alberto Moreiras

  1. Muchas gracias, Buscapiés. Creo que la tuya es la primera mención publicada de Sosiego siniestro, un libro que, como otros míos, está pasando sin eco percibible. Así que te la agradezco mucho. Ponte en contacto conmigo, pues no sé quién eres. Mándame un email o un mensaje por facebook.

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    1. Gracias a ti, por la lectura y por tus libros. “Marranismo e inscripción…” ha sido leído y trabajado preliminarmente en la entrada “La historiografía como escritura del cuidado de sí: la autografía”. Quizá pueda interesarte. Por lo demás, te contacto pronto.

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