Caótica y difusa: la felicidad. Comentario a la exposición de Ruud Kaulingfreks: “Sobre poesía y la sociedad administrada”

Lo desconocido está entonces en una διασπορά y la razón tiene una grata elección entre lo que está en su mano y lo que la imaginación puede inventar (lo monstruoso, lo ridículo, etc., etc.).[1]

Tras una noche de trabajo dedicado a la lo que sería su ensayo “Sobre el concepto de ser humano”, Horkheimer se levanta, como acostumbra, a medio día. Después de un baño y leer en los periódicos las columnas dedicas a la candidatura para el segundo mandato de Eisenhower, prepara sus notas para la conversación que tendrá con Teddie y Gretel por la tarde. Hace buen día en Frankfurt. Es 12 de marzo de 1956. Problema a desarrollar: “el rol de la teoría”. Temas: sociología y duplicación del mundo, “all be well” y la totalidad del trabajo como sociabilidad. La escisión del mundo en dos bloques requiere un tratamiento reflexivo particular. La elaboración de un manifiesto ha sido mencionada en sesiones anteriores y en correspondencia desde hace unos años. El salón está listo. Max arroja la primera afirmación: “What we see today is a doubling of the world”, a la que Adorno responde: “That is exactly Marx´s epistemology. He said that the task of theory is to reflect reality”.[2] Gretel transcribe rapidamente. Esta larga conversación duraría hasta el 2 de abril. Esta escena pudo repetirse los días en los que dejaron esbozados los fragmentos de un manifiesto que nunca tendrá lugar, y sin embargo, ofrece material para pensar.  

Tengo entendido que el manuscrito fue recuperado y publicado a modo de apéndice del volumen trece de la obra completa de Max Horkheimer, en la edición en alemán de 1989. Hacia 2018 desconocía la existencia del texto. Fue en aquellos caóticos y difusos recorridos en librerías de viejo en Chicago con P. como llegamos a Powell´s Book, donde me encontré la edición de Verso, en inglés, detrás de un anaquel. Towards a New Manifesto. Lo llevé de inmediato. No he dejado de hojearlo desde entonces. La edición en español, puesta en circulación desde 2014, estuvo a cargo de Eterna Cadencia y de la excelente supervisión y traducción de Mariana Dimópulos.

Hace poco más de tres meses, durante un seminario, mencioné la importancia de este texto para comprender los procesos de producción del Instituto de Investigación Social en lo que fue su “primera generación”. La actualidad de las lecturas históricas hechas desde el idealismo son implacables: dejan fuera la pregunta de las condiciones de existencia en las que se gestan libros, proyectos, etc. La firma coautoral de la Dialéctica de la Ilustración y el subtítulo: fragmentos filosóficos, sugieren bastante al lector atento. Algunos de los problemas centrales de la investigación conjunta y separada del Instituto fueron la administración y la razón instrumental. Una lectura instrumental pasaría por alto las disposiciones administrativas que posibilitaron esta inédita forma de organización intelectual. Particularmente en los años de exilio. Recientemente Martin Parker y Robert Cluley han ofrecido su perspectiva que habrá que revisar con mayor detenimiento en otro lugar.[3] Aproximarse a Towards abre la posibilidad de preguntarse por la inevitable relación entre ejercicio de pensamiento y los lazos sociales. El documento abisma al lector a rasgar el velo y dar cuenta de la praxis-teórica que está en juego en el ejercicio crítico, en cada caso. El crítico sería un cobarde al evadir su instante histórico no como identificación, más bien, como desfase respecto a la realidad existente.

El 22 de junio de 2021 Ruud Kauligfreks impartió una conferencia magistral en el XXXI coloquio internacional organizado por 17, Instituto de Estudios Críticos. El titulo de la presentación fue: “Sobre poesía y sociedad administrada”.[4] La expansión, eficacia y maleabilidad de la vida administrada fue puntualmente desarrollada, así como la falsedad que la constituye. La management de la felicidad ha sido uno de los puntos que vale la pena demorarse. No únicamente para dar cuenta de su imposición afectiva articulada por “el dispositivo neoliberal” anunciada recientemente por Byung-Chul Han[5], también por las sugerentes suspensiones de este discurso a las que Ruud nos ha abismado. Las dimensiones históricas que su conferencia ofreció sitúan la administración como el residuo del caos que la propició y de la que se alimenta. Tan importante es lo necesario como lo innecesario. El rechazo al tiempo perdido afirma el hechizo del aprovechamiento total de las horas como actividad natural. La división del trabajo está inscrita en el registro teológico: “me alieno hoy para liberarme mañana”. Esta economía se escapa al trabajar: se olvidan las metas. Este olvido propicia la autosatisfacción y el éxito personal de corto plazo como fin último volviéndose instrumento del más siniestro instante de la acumulación: el delirio. Las escalas de la felicidad, la programación gestual reproducida por doquier, son identificables en las sonrisas de los payasos que dicen ejercer su libertad. Y sin embargo, la felicidad está entramada con el trabajo: éste, al ser medio, es también superficial. Ahí, en esa tensión: entre ideología y su exterioridad, aparece eso de lo que trata la poesía.

No es posible la felicidad del rebaño que va y viene pastando, que no un estado animal. Al final de la jornada del 12 de marzo de 1956 Horkheimer mencionó al respecto: “To achieve the condition of an animal at the level of reflection–that is freedom. Freedom means not having to work”.[6] La historiografía, en este sentido, acierta en la necesidad de su trabajo imposible: ahí suceden las condiciones de la libertad. La administración total rechaza la animalidad absorbiéndola conceptualmente sin palpar su indeterminación. Si la felicidad es medible no es felicidad. Homologar el trabajo con la bondad y el progreso civilizatorio es cancelar la libertad. El contrapunto de la administración del mundo es la heterogeniedad de las organizaciones posibles. Para ciertos críticos y algunos administradores son fantasías, tonterías, absurdos, imposibles, sueños, retórica, caos, pues para ellos todo es principio de intercambio (Tauschprinzip). Sin lógica principial ni de destino, el hechizo de la historia devela el detrito caótico y transitorio del que está compuesta. Sedimentos, nudos, flujos, conexiones y bifurcaciones, exigen organización. ¿Es posible una que asuma su historicidad? Ya lo veremos… Por ahora, vale la pena rumear la sugerencia de Horkheimer: “The caotic, the diffuse–that would be happines”.[7]

*

Hacia el final de la conferencia Ruud enfatizó la importancia del fragmento. En la celebración de los 15 años de 17, Instituto de Estudios Críticos, Alberto Moreiras, aludiendo a un intercambio epistolar entre Javier Marías y Juan Benet, elaboró la caída de la “armonía del conjunto” y al fragmento como el instante no equivalencial de la existencia.[8] Este pasaje me ha seguido como un susurro que ha cambiado de tono e intensidad, y ahora, con la voz de Ruud, me exige pensar ambas menciones. Por ahora mi necedad me hace embestir, una vez más, hacia las sociabilidades de la historiografía. Sus instancias metafísicas parecieran llevar todo esfuerzo hacia la actualización de la teleología, por cualquiera de sus vías. La historia como obra (la armonía del conjunto) es el horizonte administrado, de hecho, el que insiste en realizarse vía la devastación. Aquí lo que me interesa es la apertura que ofrece concentrarse en la historicidad comprendida como no-coincidencia de la presencia consigo misma, temporalidad anárquica (sin origen ni final), y desidentificación. La historiografía que me interesa no es únicamente aquella que se postula como disciplina, ni la que vela los pasados y su management, como figuras de dominación que hay que destruir. El fragmento de la historiografía, o bien, la historiografía fragmentaria en la que insisto no es domiciliable ni originaria; propicia soportes de inscripción de temporalidades potenciales que activa, en cada caso, desde la herida que la escritura le hace al relato que ha expulsado los trazos salvajes. En cierto sentido, la pregunta que me ha traído aquí es por los límites de la administración y su práctica lectora. El documento no es el todo: su verdad está ahí donde el indocumentado habla. 

Junio 2021.


[1] Søren Kierkegaard, Migajas filosóficas o un poco de filosofía, tr. Rafael Larrañeta, España, Trotta, (1844) 2007, p. 57.

[2] Theodor Adorno & Max Horkheimer, Towards a New Manifesto, tr. Rodney Livingstone, London & New York, Verso, (1956) 2011, p. 2.

[3] Cfr. Martin Parker y Robert Cluley, “Organizar el conocimiento: la gestión de la Escuela de Frankfurt”, disponible en línea: https://diecisiete.org/expediente/organizar_el_conocimiento/ Todas las consultas en internet las he hecho el 23 de junio de 2021.

[4] Disponible en línea: https://diecisiete.org/expediente/sobrepoesiaysociedadadministrada/

[5] Cfr. Byung-Chul Han, “La nueva formula de dominación es ­­‹‹sé feliz›, dipsponible en línea: https://www.bloghemia.com/2021/06/byung-chul-han-la-nueva-formula-de.html?fbclid=IwAR3PsbwBSfB7pZX0Yvc7Son555zVU4ArPCUrudmqCHCqEAtpuv5X0FU5VFw

[6] Theodor Adorno & Max Horkheimer, Towards… p. 16.

[7] Ibíd., p. 17.

[8] Conferencia disponible en línea: https://infrapolitica.com/2017/01/17/universidad-y-principio-de-equivalencia-hacia-el-fin-de-la-alta-alegoria-borrador-de-conferencia-para-17-instituto-de-estudios-criticos-mexico-df-22-de-enero-2017-por-alberto-moreiras/comment-page-1/

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